Ya empezaron las preparaciones para nuestra primera clase
en el colegio “Santa Rosa de Llanavilla”, y resumiendo un poco toda mi
experiencia, debo decir que me he sorprendido hasta de mí mismo.
Las dos coordinadoras de nuestro salón decidieron a
cuáles grados enseñarían cada uno de nosotros y a mí me tocó formar parte del
grupo de 5° y 6° de primaria. Sin embargo, cada uno de los grupos necesitaba un
coordinador, y pese a que no decidí enseñar a este grupo de niños (honestamente
no tenía ningún deseo de enseñar a algún grupo en especial, hubiera estado
feliz con cualquiera), si decidí ser el
sub-coordinador de este grupo (Lidera
con inspiración) ya que considero que me falta desarrollar mucho mi
capacidad de liderazgo. Desde que tengo memoria he sido el tipo de persona que
prefiere que le digan que hacer y esforzarse para cumplir dicha tarea, no le
veía nada de malo y me hacía sentir cómodo, especialmente en los trabajos en
grupo. Pero estos últimos años, me empecé a dar cuenta que si seguía con esa mentalidad, no iba a llegar a
ningún lado (Conocerse, aceptarse y
superarse).
Como sub-coordinador, entendía que me iba a tener que
sacrificar un poco más, entre quedarme después de clases para reuniones de
coordinadores y de grupo, hasta entregar gran parte de mi tiempo para la
planificación de todas las clases. Pero sinceramente, no tenía (ni tengo)
ningún problema con ello.
Un día de planificación, tuve que quedarme
en la biblioteca con los demás sub-coordinadores, las 2 coordinadores y nuestro
tutor Piero Vinces. En esa pequeña reunión teníamos planeado poder decidir cuál
sería nuestra visión, misión y los objetivos que queremos cumplir con nuestro
proyecto. Fue, en realidad, algo difícil poder concretar nuestras ideas y decidir,
ya que son la base de todo nuestro proyecto y no es una decisión que se pueda
tomar a la ligera. Yo siento que sí contribuí a que pudiéramos llegar a obtener
estas bases, aunque se me fue difícil, ya que sería mi primera vez en una
reunión de este tipo; aunque honestamente debo agradecer a Piero por
orientarnos, por lo menos en esta primera oportunidad, no teníamos muy en claro
cómo ponernos de acuerdo y llegar a una conclusión todos juntos. Salí de esa
reunión con unas ganas… difíciles de explicar, no podía esperar a nuestra
primera clase.
Luego de esa reunión, pude ver que poco a poco, casi
todos nuestros compañeros sintieron la misma emoción que yo había empezado a
sentir. Pero ya era hora de empezar a actuar y planear nuestra primera sesión
de clase. Por más emocionado que me sintiera, tenía muy claro que esta
planificación no sería tan sencilla. Algo que sí me molestó fue el hecho de que
de un grupo de 6, solo 3 (incluyéndome) asistieron a las 2 reuniones que tuvimos
de planificación. La verdad no me gusta criticar a las personas que no cumplen
con lo que planeamos, tiendo a ser muy liberal, sin embargo, sé que este
proyecto es de todos y no puedo dejar que esas personas se acostumbren a solo
preguntarme a última hora que deben hacer. Aunque sé que esas personas tuvieron
alguna justificación para no poder asistir a esas reuniones, me hubiese gustado
que estuvieran un poco más al tanto de lo que estábamos decidiendo y haciendo
en esas reuniones. Pese a que éramos pocos, no podía decir algo como: “Bien chicos,
nos falta mucha gente así que la reunión se cancela.” Aparte de estar contra el
tiempo, confié en que, con un poco más
de esfuerzo, podíamos lograr avanzar nuestra clase de manera exitosa, pese a la
falta de algunos de nuestros compañeros (Trabaja
en comunidad). Y sin duda, así fue. Definitivamente me sentí orgulloso de
mi equipo.
Los días pasaron volando, y antes que me diera cuenta, ya
estaba en camino al colegio para encontrarme con mis compañeros e ir todos
juntos a Llanavilla. Cuando estuvimos en el bus tratamos de dejar claro todo lo
que haríamos cuando lleguemos y luego simplemente nos sentamos a esperar a la
llegada. En el transcurso del viaje experimenté una ansiedad bastante grande,
pero que podía controlar. No puedo negar que estuve muy nervioso, pero
aproveché ese tiempo en el bus para poder plantear
situaciones difíciles que se podrían presentar en la clase y como solucionarlas
(Se compromete y esfuerza). Cuando
llegamos los niños ya estaban esperándonos (en realidad llegamos algo tarde) y
nos dieron una pequeña bienvenida que no me esperaba. Luego de eso, por fin
pude conocer a los niños con los que compartiría quizás una de las experiencias
más increíbles de mi vida. La clase nos fue como esperamos, la verdad queríamos
tomar esa clase como un diagnóstico por lo que no avanzamos mucho y estuvimos
muy atentos a la manera que los niños nos respondían para darnos una idea de su
nivel, cosa que nos serviría para planificar las clases. Nuestra clase fue un
abrir y cerrar de ojos (por lo menos para mí) ya que de verdad, la pasé de lo
mejor. Una vez acabada la clase tuvimos un tiempo libre hasta que acabara la
otra clase del salón 4° “F”, que también estaba con nosotros. En ese tiempo la
pase caminando por todos lados, no quiero sonar discriminador ni nada, pero de
verdad se me hacía difícil pensar como esos niños, que no son tan diferentes a
nosotros de más pequeños, podían vivir y estudiar en condiciones así. Sé que
esa es la realidad de muchos colegios y hogares de niños y jóvenes de nuestro
país, pero desde pequeño recuerdo que siempre
me ha desagradado la idea que por más que muchas personas conozcan estas
situaciones, nadie tenga las ganas de poder ayudar de verdad (Siente con la iglesia y el mundo).
Aunque este sea solo un colegio de muchos que también necesitan apoyo, todo
nuestro trabajo será un ladrillo a algo mucho mayor.
Para resumir, nuestra clase fue mucho mejor de lo que
esperaba, y creo que puedo hablar por todos cuando digo que absolutamente nadie
se quería ir. Me hizo recordar al año pasado, cuando nos íbamos del colegio en
Chivay, aunque me reconfortó saber que sí podría volver a este lugar y ver a
estos niños. Obviamente esta, nuestra primera clase, fue especial. Espero no
olvidarla jamás.






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