martes, 17 de febrero de 2015

Bitácora N° 1: Nuevo comienzo

Cuando me dieron la noticia de que, como parte del programa del diploma, tendría que organizar y realizar un proyecto C.A.S. por mi cuenta; me sentía en parte desafiado y en parte motivado. Desafiado porque sabía que realizar un proyecto individual no sería para nada como realizar un proyecto en conjunto de varias personas, que fue lo que hice ya el pasado año en Llanavilla con mi salón de clases. Me sentí motivado también, ya que aunque el trabajo del año pasado, el enseñar inglés a niños de 5 y 6 grado de primaria en un colegio público, fue un trabajo lleno de experiencias; hubo varias actividades que me quede con ganas de realizar. Este proyecto C.A.S. me daría la libertad de poder realizar lo que yo decida, tomando en cuenta también los objetivos que un proyecto de esta naturaleza tiene.

Tenía en mente varias opciones de lo que me llamaba más la atención, pero debido a la disponibilidad y otras circunstancias que ocurrieron en este proceso de buscar alguna organización, terminé eligiendo a la Fundación Peruana de Cáncer como la organización que me ayudaría a realizar mi voluntariado en el albergue "Frieda Heller", un albergue para pacientes de cáncer de todas las edades que pertenece a la Fundación Peruana de Cáncer. Por suerte, Paloma Cotrina, una compañera mía; también estaría realizando su proyecto en el mismo albergue, así que acordamos realizar el proyecto en conjunto.

Y así, el 5 de enero fui por primera vez al albergue, para poder conversar con la coordinadora y aclarar las características que tendría mi voluntariado. Las fechas, los horarios, objetivos y las edades de los pacientes con los que queríamos trabajar idealmente, digo idealmente ya que debido a la gran variedad de niños que hay en el albergue, no habría ningún problema en trabajar con niños que no estén en ese rango determinado pero si quisieran participar. En esa visita, también tuve la oportunidad de interactuar con los niños que se encontraban ese día ahí, de paso podíamos hacer un análisis de sus capacidades y limitaciones. Me llevé varias sorpresas, ya que por momentos la idea de que estábamos jugando con niños con cáncer salía de mi cabeza. Los niños participaban, jugaban y reaccionaban como cualquier otro; cosa que me alegró, ya que llegue al albergue pensando que posiblemente la enfermedad podría haber afectado de alguna manera su forma de ser o su comportamiento. Sin embargo, si notamos que uno de los niños tenia limitaciones al caminar y que varios no podían estar expuestos al aire por mucho tiempo. Lo segundo no sería gran problema, pero la limitación que presentó ese niño fue un gran ejemplo de lo que nos podríamos encontrar en este proyecto, y las actividades que planeemos tienen que adecuarse a esas limitaciones.

Una vez terminada esa primera visita, nos despedimos de los niños y formalizamos lo que sería el inicio de toda una experiencia. Como habíamos planeado, esta visita serviría de análisis, poder saber en qué situación se encuentran los niños. Ya conociendo dicha situación, y con ayuda de las recomendaciones de la Sra. Mónica llegamos a la conclusión de no realizar muchas actividades físicas y más de estimulación temprana, fichas de aprestamiento. Por suerte también recibimos apoyo de la tía de mi compañera Paloma, que siendo profesora de inicial, nos daría muchos consejos en sobre qué actividades específicas realizar y también nos apoyaría con el material necesario.

Y es así como empezamos, semana tras semana, a compartir este tiempo con los niños del albergue, realizando diversas actividades, contando cuentos y al paso que fortalecíamos su desarrollo, también podíamos compartir momentos de diversión. Con el paso de tiempo, llegábamos a conocer más a fondo a los niños. Empezábamos a formar pequeñas historias con cada uno, conocíamos sus debilidades y sus fortalezas, todo con el objetivo de poder brindar un apoyo más atento a cada uno. Así como también aprendía de los niños, también obtenía conocimientos más profundos sobre mi proyecto, mis propósitos del trabajo y mis ideas sobre este. Quiero aprovechar la oportunidad para compartir una de las experiencias que más me marcó, esta ocurrió en la tercera semana de actividades. Debido a un viaje que mi compañera realizó, esa semana estuve organizando y realizando las sesiones de voluntariado por mi cuenta. Y entonces un día decidí pedirle un poco de apoyo y consejos a una coordinadora del albergue, principalmente quería aclarar bien qué clase de actividades físicas podríamos realizar, hasta donde poner el límite. La Sra. Patricia me respondió con unas palabras que me dejaron pensando el resto del día: "Un niño es niño y nunca dejará de ser niño, sin importar lo que tenga. Los niños jugarán y participarán si se les motiva. Somos nosotros los adultos los que tenemos esa idea errónea de: "Hay pobrecito, ese niño tiene cáncer" cuando al niño en realidad no le importa si tiene una u otra cosa; el espíritu tan característico que tienen los niños no se puede perder."

Esa respuesta cambió bastante mi punto de vista a esos niños. Yo, como la mayoría de personas que conozco, pensaba de esa manera; obviamente cuando iba al albergue no me la pasaba lamentándome con los niños por su situación, pero en el fondo me preguntaba como ellos podían lidiar con una enfermedad así... Cuando en realidad ni se preocupan por ello, solo viven sus vidas como cualquier niño. Las fechas siguientes mantuve una mentalidad diferente, y poco a poco me daba cuenta lo veracidad de lo que me había dicho la Sra. Patricia. Un niño siempre es niño.

Relación con las experiencias Ciudad de Dios:

1.    Conocerse, aceptarse y superarse:

Al principio de enero me consideraba como una persona sin las suficientes capacidades para cuidar a niños, especialmente en los comportamientos difíciles de controlar que los niños presentan frecuentemente. Al principio me era muy difícil participar activamente en el desarrollo de las sesiones, y ese era un problema que tengo incluso desde mi proyecto anterior en Llanavilla. Sin embargo, ahora no podía continuar con esas falencias y tuve que aprender de mis errores y faltas para así poder sobrellevar las sesiones. Esto ocurrió en una mayor medida en la semana que tuve que llevar el proyecto en mi cuenta, en la que si no podía controlar los comportamientos de los niños, la sesión entera se saldría de control y no habría nadie que me pueda ayudar. Eventualmente me di cuenta que ya no era gran problema controlar a los niños que causaban dificultades al realizar las actividades y logré superar mis problemas iniciales.

2.    Lidera con inspiración:

Emprendí este proyecto con muchas ganas y objetivos, sin embargo, tenía muy en claro las dificultades que podían presentarse, aparte del trabajo necesario para poder organizar y realizar sesiones de voluntariado tres veces a la semana. Como cualquier proyecto C.A.S., era todo un desafío que tenía que superar, y juzgando los resultados que hemos obtenido tras un mes de sesiones, puedo decir que hemos sido exitosos en nuestra labor hasta el momento y hemos logrado desarrollar las habilidades necesarias para lograrlo. Obviamente, este éxito debe continuar hasta el final de proyecto.

3.    Se compromete y esfuerza:

Durante todo este mes de enero, desde que empezamos el 5 de enero hasta el último viernes del mes, hemos realizado satisfactoriamente sesiones de voluntariado para cada lunes, martes y viernes de la semana. Ha sido un trabajo que ha tomado tiempo de nuestro día, sin embargo es reconfortante, ya que cada día que salimos de la puerta de ese albergue podemos sentirnos felices y satisfechos de nuestro trabajo y de esos niños. Es un esfuerzo que vale la pena. Cabe mencionar que en ciertas ocasiones la asistencia de ambos, Paloma y yo, no pudo ser realizada por diversas razones; principalmente por motivos de viaje. Esto fue avisado con tiempo, sin embargo, no hubo ningún día en el que no se realizó una sesión. Siempre hubo oportunidad para que por lo menos uno de nosotros realice la sesión en el albergue.

4.    Trabaja en comunidad:


Como he mencionado reiteradas veces durante esta bitácora, este proyecto lo estoy realizando en conjunto con una compañera mía que también decidió por la Fundación Peruana de Cáncer para su proyecto C.A.S. Esta colaboración entre nosotros nos dio muchos beneficios, ya que así podíamos cuidar a la gran cantidad de niños que de vez en cuando venían al albergue sin mayor problema. Además de que al organizar las sesiones en conjunto, siempre habrá discusiones en las que podemos proponer ideas y contar con la opinión del otro sobre esta, o si se podría agregar algún otro detalle para mejorarla. Claro está que el trabajo es y fue mutuo, y no hubo ninguna oportunidad en la que uno u otro realizó todo el trabajo. Incluso en fechas en las que uno no podía asistir, siempre hubo preocupación por parte de ambos.