Cuando me dieron la noticia de que, como parte del
programa del diploma, tendría que organizar y realizar un proyecto C.A.S. por
mi cuenta; me sentía en parte desafiado y en parte motivado. Desafiado porque
sabía que realizar un proyecto individual no sería para nada como realizar un
proyecto en conjunto de varias personas, que fue lo que hice ya el pasado año
en Llanavilla con mi salón de clases. Me sentí motivado también, ya que aunque
el trabajo del año pasado, el enseñar inglés a niños de 5 y 6 grado de primaria
en un colegio público, fue un trabajo lleno de experiencias; hubo varias
actividades que me quede con ganas de realizar. Este proyecto C.A.S. me daría
la libertad de poder realizar lo que yo decida, tomando en cuenta también los
objetivos que un proyecto de esta naturaleza tiene.
Tenía en mente varias opciones de lo que me llamaba más
la atención, pero debido a la disponibilidad y otras circunstancias que
ocurrieron en este proceso de buscar alguna organización, terminé eligiendo a
la Fundación Peruana de Cáncer como la organización que me ayudaría a realizar
mi voluntariado en el albergue "Frieda Heller", un albergue para
pacientes de cáncer de todas las edades que pertenece a la Fundación Peruana de
Cáncer. Por suerte, Paloma Cotrina, una compañera mía; también estaría
realizando su proyecto en el mismo albergue, así que acordamos realizar el
proyecto en conjunto.
Y así, el 5 de enero fui por primera vez al albergue,
para poder conversar con la coordinadora y aclarar las características que
tendría mi voluntariado. Las fechas, los horarios, objetivos y las edades de
los pacientes con los que queríamos trabajar idealmente, digo idealmente ya que
debido a la gran variedad de niños que hay en el albergue, no habría ningún
problema en trabajar con niños que no estén en ese rango determinado pero si
quisieran participar. En esa visita, también tuve la oportunidad de interactuar
con los niños que se encontraban ese día ahí, de paso podíamos hacer un
análisis de sus capacidades y limitaciones. Me llevé varias sorpresas, ya que
por momentos la idea de que estábamos jugando con niños con cáncer salía de mi
cabeza. Los niños participaban, jugaban y reaccionaban como cualquier otro;
cosa que me alegró, ya que llegue al albergue pensando que posiblemente la
enfermedad podría haber afectado de alguna manera su forma de ser o su
comportamiento. Sin embargo, si notamos que uno de los niños tenia limitaciones
al caminar y que varios no podían estar expuestos al aire por mucho tiempo. Lo
segundo no sería gran problema, pero la limitación que presentó ese niño fue un
gran ejemplo de lo que nos podríamos encontrar en este proyecto, y las
actividades que planeemos tienen que adecuarse a esas limitaciones.
Una vez terminada esa primera visita, nos despedimos de
los niños y formalizamos lo que sería el inicio de toda una experiencia. Como
habíamos planeado, esta visita serviría de análisis, poder saber en qué
situación se encuentran los niños. Ya conociendo dicha situación, y con ayuda
de las recomendaciones de la Sra. Mónica llegamos a la conclusión de no
realizar muchas actividades físicas y más de estimulación temprana, fichas de
aprestamiento. Por suerte también recibimos apoyo de la tía de mi compañera
Paloma, que siendo profesora de inicial, nos daría muchos consejos en sobre qué
actividades específicas realizar y también nos apoyaría con el material
necesario.
Y es así como empezamos, semana tras semana, a compartir
este tiempo con los niños del albergue, realizando diversas actividades,
contando cuentos y al paso que fortalecíamos su desarrollo, también podíamos
compartir momentos de diversión. Con el paso de tiempo, llegábamos a conocer
más a fondo a los niños. Empezábamos a formar pequeñas historias con cada uno,
conocíamos sus debilidades y sus fortalezas, todo con el objetivo de poder
brindar un apoyo más atento a cada uno. Así como también aprendía de los niños,
también obtenía conocimientos más profundos sobre mi proyecto, mis propósitos
del trabajo y mis ideas sobre este. Quiero aprovechar la oportunidad para
compartir una de las experiencias que más me marcó, esta ocurrió en la tercera
semana de actividades. Debido a un viaje que mi compañera realizó, esa semana
estuve organizando y realizando las sesiones de voluntariado por mi cuenta. Y
entonces un día decidí pedirle un poco de apoyo y consejos a una coordinadora
del albergue, principalmente quería aclarar bien qué clase de actividades
físicas podríamos realizar, hasta donde poner el límite. La Sra. Patricia me
respondió con unas palabras que me dejaron pensando el resto del día: "Un
niño es niño y nunca dejará de ser niño, sin importar lo que tenga. Los niños
jugarán y participarán si se les motiva. Somos nosotros los adultos los que
tenemos esa idea errónea de: "Hay pobrecito, ese niño tiene cáncer"
cuando al niño en realidad no le importa si tiene una u otra cosa; el espíritu
tan característico que tienen los niños no se puede perder."
Esa respuesta cambió bastante mi punto de vista a esos
niños. Yo, como la mayoría de personas que conozco, pensaba de esa manera;
obviamente cuando iba al albergue no me la pasaba lamentándome con los niños
por su situación, pero en el fondo me preguntaba como ellos podían lidiar con
una enfermedad así... Cuando en realidad ni se preocupan por ello, solo viven
sus vidas como cualquier niño. Las fechas siguientes mantuve una mentalidad
diferente, y poco a poco me daba cuenta lo veracidad de lo que me había dicho
la Sra. Patricia. Un niño siempre es niño.
Relación con las experiencias Ciudad de Dios:
1.
Conocerse,
aceptarse y superarse:
Al principio de enero me consideraba
como una persona sin las suficientes capacidades para cuidar a niños,
especialmente en los comportamientos difíciles de controlar que los niños
presentan frecuentemente. Al principio me era muy difícil participar
activamente en el desarrollo de las sesiones, y ese era un problema que tengo
incluso desde mi proyecto anterior en Llanavilla. Sin embargo, ahora no podía
continuar con esas falencias y tuve que aprender de mis errores y faltas para
así poder sobrellevar las sesiones. Esto ocurrió en una mayor medida en la
semana que tuve que llevar el proyecto en mi cuenta, en la que si no podía controlar
los comportamientos de los niños, la sesión entera se saldría de control y no habría
nadie que me pueda ayudar. Eventualmente me di cuenta que ya no era gran
problema controlar a los niños que causaban dificultades al realizar las
actividades y logré superar mis problemas iniciales.
2.
Lidera
con inspiración:
Emprendí este proyecto con muchas ganas
y objetivos, sin embargo, tenía muy en claro las dificultades que podían presentarse,
aparte del trabajo necesario para poder organizar y realizar sesiones de
voluntariado tres veces a la semana. Como cualquier proyecto C.A.S., era todo
un desafío que tenía que superar, y juzgando los resultados que hemos obtenido
tras un mes de sesiones, puedo decir que hemos sido exitosos en nuestra labor
hasta el momento y hemos logrado desarrollar las habilidades necesarias para
lograrlo. Obviamente, este éxito debe continuar hasta el final de proyecto.
3.
Se
compromete y esfuerza:
Durante todo este mes de enero, desde
que empezamos el 5 de enero hasta el último viernes del mes, hemos realizado
satisfactoriamente sesiones de voluntariado para cada lunes, martes y viernes
de la semana. Ha sido un trabajo que ha tomado tiempo de nuestro día, sin
embargo es reconfortante, ya que cada día que salimos de la puerta de ese
albergue podemos sentirnos felices y satisfechos de nuestro trabajo y de esos
niños. Es un esfuerzo que vale la pena. Cabe mencionar que en ciertas ocasiones
la asistencia de ambos, Paloma y yo, no pudo ser realizada por diversas
razones; principalmente por motivos de viaje. Esto fue avisado con tiempo, sin
embargo, no hubo ningún día en el que no se realizó una sesión. Siempre hubo
oportunidad para que por lo menos uno de nosotros realice la sesión en el
albergue.
4.
Trabaja
en comunidad:
Como he mencionado reiteradas veces
durante esta bitácora, este proyecto lo estoy realizando en conjunto con una
compañera mía que también decidió por la Fundación Peruana de Cáncer para su
proyecto C.A.S. Esta colaboración entre nosotros nos dio muchos beneficios, ya
que así podíamos cuidar a la gran cantidad de niños que de vez en cuando venían
al albergue sin mayor problema. Además de que al organizar las sesiones en
conjunto, siempre habrá discusiones en las que podemos proponer ideas y contar
con la opinión del otro sobre esta, o si se podría agregar algún otro detalle
para mejorarla. Claro está que el trabajo es y fue mutuo, y no hubo ninguna
oportunidad en la que uno u otro realizó todo el trabajo. Incluso en fechas en
las que uno no podía asistir, siempre hubo preocupación por parte de ambos.
