miércoles, 25 de marzo de 2015

Un mar de experiencias

Bitácora N° 1 – “Un mar de experiencias”

El sábado 21 de marzo fue nuestra primera actividad CdD del año lectivo. Una actividad que es un poco distante a lo que solíamos hacer como proyecto el año pasado o lo que hice como proyecto personal durante el verano… Una limpieza de la playa en Llanavilla. Al escuchar sobre esta primera actividad y sobre su naturaleza, lo primero que se me vino a la cabeza, igual que a muchos otros compañeros, era: “¿Qué podemos aprender de limpiar una playa?”, comparándolo con el enseñar inglés en el colegio Santa Rosa de Llanavilla (que fue nuestro proyecto del año pasado), era fácil considerar que esta limpieza de playas no tendría la misma riqueza de experiencias. Sin embargo, como la mayoría de veces frente a las actividades de Ciudad de Dios, estaba equivocado.
Quisiera, antes de empezar a redactar lo que ocurrió en esa fecha, hacer una corta “auto-evaluación” de mí posición frente a la actividad en un principio. No soy una persona con mucho afán a las playas. El sol, la arena y la contaminación son cosas que se me hacen difícil soportar, además, sinceramente preferiría enseñar en un salón de clases que realizar alguna actividad más física. Pero si algo he llegado a entender de casi un año de experiencias en estos proyectos, es que para la realización satisfactoria de estos, se debe dejar de lado el “yo y solo yo” y velar por lo que es importante para la comunidad. Obviamente, estamos hablando de la playa de los niños que conocimos el año pasado; aparte, con un poco de bloqueador y una botella de agua,  puedo soportar un par de horas bajo el sol.
Llegamos a Llanavilla aproximadamente a las 10 a.m. Creo que tuve una suerte increíble, ya que estaba bastante nublado e incluso llego a llover por unos momentos. Apenas llegamos, fuimos por unos niños y se hizo la inauguración de la biblioteca en el colegio. De ahí, pasamos a nuestra actividad, a lo que vinimos.
Antes de llegar a la playa, caminando por el camino que te lleva a esta, observaba a mí alrededor y ya podía suponerme lo que encontraríamos. Era el típico barrio de los estratos sociales bajos (las cosas como son). No tenía ni tengo ninguna intención de demostrar algún tipo de “superioridad” por tener la educación de botar nuestros desperdicios en algún lugar designado a esto; pero por más crudo que sea, es la realidad, muchas de esas personas no habían recibido esos valores educacionales y viendo como nuestra situación nacional educativa se encuentra, no es nada sorprendente.
La playa en sí, pues sí, estaba con abundante basura. Nos separamos en los grupos de 4 que habíamos previamente organizado y empezamos a recolectar la basura que encontrábamos en bolsas. Plásticos, tecnopor, papeles… todos estarían pronto llenando poco a poco nuestra bolsa. Sinceramente, el tiempo pasó volando, y no se sintió como las 2 horas que planeábamos trabajar (aunque considerando la inauguración de la biblioteca, es difícil saber si en realidad estuvimos esa cantidad de tiempo). Finalmente, creo que la experiencia más grande que me pude llevar de ese día fue en ese momento, cuando reuníamos todas las bolsas llenas de basura y nos preparábamos para el regreso. En un pequeño descanso, me apoye en un muro y empecé a mirar a mi alrededor. Me tome un tiempo a ver las olas, la única cosa que me atraía de las playas; luego voltee a mi derecha, metros de metros de arena todavía contaminada que según tenía entendido, el grado de 4° se encargaría de limpiar; y lo que más me chocó, cuando voltee mi mirada hacia la izquierda. Se veían un par de hogares, pero era increíble la cantidad de basura que había, y lo peor, ver a un niño solo jugando en esa zona. Era desconcertante, ¿Qué culpa tiene este niño? Es triste y cierto, pero en mi opinión son los niños los que más necesitan de zonas donde jugar y simplemente… ser niños. Es aún más triste saber que el problema está fuera de sus manos. Pero un parte positiva de mí empezó a reflexionar el trabajo que acabábamos de hacer, podrá ser una insignificante cantidad de playa limpiada, comparado con la cantidad total de contaminación que hay en el mundo, pero para un niño es más que suficiente. Y  eso basta.
Relación con las experiencias CDD:

1)    LIDERA CON INSPIRACIÓN:

No lo aclare antes, pero nunca había participado en una actividad tan directa. Una limpieza de playas fue algo nuevo para mí y aunque sea relativamente sencillo, sí implicó que desarrollara una función dentro del grupo por el bien de la realización de la actividad.

2)    SE COMPROMETE Y ESFUERZA:

Como había dicho, la actividad en un inicio no me atraía para nada por disgustos personales, pero pude llegar a dejar esas cuestiones detrás y me comprometí a hacer la actividad como se debe hacer.

3)    ORGANIZA ACTIVIDADES:

Una limpieza de playas parece ser una actividad simple, solo ir y limpiar todo lo que se vea. Sin embargo, nosotros planteamos una organización detrás de esto, separarnos en grupos de 4, cada uno desempeñando una función. De esta manera la actividad fluyó más rápidamente y satisfactoriamente.

4)    TRABAJA EN COMUNIDAD:

Los grupos de 4 que formamos para realizar de actividad fueron de grande importancia, ya que todo el salón junto realizando la actividad hubiera sido poco práctico, hacerlo solo hubiera sido difícil, pero dividirnos en grupos y asignarnos roles para el trabajo ayudó bastante. Está de más decir que cada integrante del grupo necesitaba dar todo de sí para que el grupo pueda seguir adelante y realizar la actividad.


Palabras: 938





domingo, 1 de marzo de 2015

Bitácora N° 2: Un miércoles... un poco especial.

Era un miércoles normal. Teníamos planeado una sesión con bastantes juegos, y mi mente estaba bastante concentrada en nuestra actividad, en los problemas que podrían presentarse y como resolverlos (hago eso a menudo). Solo había un pequeño detalle… Era 4 de febrero. Se preguntarán, ¿Qué tiene de especial el 4 de febrero? Como yo lo hice antes de llegar a la puerta del albergue. Pues muy posiblemente sea un día como cualquier otro para una gran cantidad de personas. Pero para al mundo que existe detrás de esa puerta de madera con la placa que dice: “Albergue Frieda Heller”, es un día muy especial, quizás uno de los más importantes para esa pequeña comunidad. El día mundial contra el cáncer.
Bueno, como mencioné, yo era una de esas personas que no tenía idea que ese día se celebraba tal cosa (Que vergüenza, ¿no?). Sin embargo, tan solo era necesario acercarse a la entrada del albergue para sentir una atmosfera diferente a la cual sentía cada vez que entraba para realizar el voluntariado. Globos y niños corriendo por todos lados, muchísimos voluntarios y los encargados del albergue dando exposiciones en el comedor que siempre está vacío cuando íbamos todos los días. Obviamente era una fecha especial para todos ellos, pero en ese momento me daba cuenta que eso no era cierto, ya que la fecha era especial para todos nosotros, incluyéndome. Me puse a pensar por un momento entre tanta festividad… Un ayudante del albergue ya me conocía y me saludó al entrar, las encargadas del albergue me saludaban y me daban la bienvenida, y finalmente una gran cantidad de niños se alegraban al verme y uno que otro me abrazaba. Podré ser uno de los tantos voluntarios, pero me sentí parte de este sub-mundo, de esta comunidad.
Lamentablemente, llegue un poco más tarde de lo normal y no tuve oportunidad de escuchar las exposiciones que tenían preparadas. Sin embargo, la actividad más importante de la velada estaba a punto de empezar y yo participaría en ella. Íbamos a realizar una pequeña marcha todos juntos hacia la capilla “Santísimo Nombre de Jesús” que queda por el lugar.  
Empezamos a salir a la calle que queda justo afuera del albergue, recorriendo parte de la avenida Primavera. Parte de la avenida, ya que no éramos muchas personas en esa marcha, pero a nadie ni a mi nos importaba la cantidad de personas, este era un día de lucha contra el cáncer, y por más que haya uno o millones de personas acompañando a esos niños que iban al frente llevando un banner del albergue; el resultado sería el mismo. Queremos aumentar conciencia sobre esta enfermedad, pero más que nada en mi opinión, queríamos demostrarle al mundo que hay niños luchando cada día con una sonrisa en sus rostros cada día y que a pesar de todo son felices. Mientras marchábamos, veía los carros a los costados, algunos mirando, otros molestados por usar parte de la pista que podrían estar usando ellos para evadir el tráfico… Las reacciones eran varias, muy posiblemente muchos de esos conductores/pasajeros no tenían ni idea de porque marchábamos, y no los juzgaba por eso, no había olvidado que hace un par de horas antes ese día yo estaba igual; el mundo es duro y es muy sencillo encerrarte en tu pequeña burbuja y no abrir los ojos a los demás. Por un momento me imaginé la cantidad enorme de autos que pasan por esa avenida, sin tener ni idea de ese pequeño hogar que está en una esquina de toda la avenida, que en realidad es un albergue para niños con cáncer. Esa marcha posiblemente sería la aguja, o mejor aún, el niño juguetón que reviente las burbujas de muchas de esas personas; claro está que no había opción de hablar con esas personas que nos veían desde la tribuna, pero tengo esperanza que influenciamos por lo menos a un espectador; si fue así, yo estaría más que satisfecho con nuestra marcha.
Una vez que llegamos a la capilla, que era nuestro destino, entramos y llenamos las bancas que quedaban vacías. El padre que estaba dando la misa dio una pequeña reflexión sobre el albergue y un mensaje por el día que estábamos celebrando. Sinceramente, estaba muy distraído en el momento, me enfocaba mucho en observar mi alrededor y lo que estaba ocurriendo. Todavía tengo en mi memoria cada detalle, las niñas que estaban jugando debajo de las bancas, la gran cantidad de personas y globos que estaban en esa capilla; me sentía muy orgulloso de participar de esta actividad, de formar parte.
Poco después la pequeña ceremonia en la capilla terminó y pasamos afuera a tomarnos un par de fotografías del recuerdo con el padre, y en ese momento, breves instantes antes de organizarnos para que podamos caber todos en la foto; que ocurrió la experiencia que más recuerdo de esa fecha. El padre había salido de la capilla, ya que las monjas le habían pedido un momento para la foto, y mientras caminaba y se posicionaba, Paloma y yo nos topamos con él. Fue un momento muy corto, casi insignificante, si es que no fuera por las palabras que nos dijo directamente. Nos agradeció por el trabajo que estamos realizando como voluntarios, refiriéndose a nosotros y a todos los que andaban dispersados en el momento. En realidad fue un simple agradecimiento, no gran cosa, pero en mí desencadenó una serie de pensamientos y emociones que, como ya había pasado previamente, hizo que me distraiga que me pare a pensar. ¿Por qué hacemos esto? ¿Está implícito en la naturaleza del ser humano el deseo de ayudar al prójimo? Son preguntas que nunca había llegado a responder, y en ese momento me estaba causando una enorme intriga saber las respuestas. Ese miércoles de verano podría estar fácilmente relajándome en casa, o saliendo con amigos, pero estaba ahí, ¿Y saben qué es lo más curioso? No lo veía como un trabajo o una obligación, sé que en el fondo es un proyecto, y sí es obligatorio realizarlo, pero había llegado a un punto en el que ir a pasar parte de mi tiempo con los niños en el albergue era parte de mis más deseables actividades del día. Era como un recreo en el colegio.
Luego de habernos tomado la fotografía, la respuesta a mis preguntas anteriores vino como una revelación inesperada. Me encontré con Daniela, una niña del albergue con la cual había entablado una amistad muy fuerte; ella al parecer había estado de viaje a su hogar en Arequipa, y había regresado para la marcha. A penas la vi ella vino corriendo hacia mí y como ya era costumbre cada vez que iba al albergue los días anteriores, me dio un abrazo muy fuerte. Esa era mi respuesta, muy posiblemente una respuesta subjetiva, pero era todo lo que necesitaba para encontrarle un sentido a todo esto. La felicidad. Una felicidad recíproca. Saber que por pasar unas horas de tu día junto a unos niños, puedes lograr cosas muy grandes. Son pocas las cosas que puedes hacer que te dan este tipo de resultados. Me llena saber que logré cambiar el día de uno de estos niños, por lo menos en el más mínimo detalle, y eso es suficiente para mí. Suficiente para considerarlo como mi motivación más profunda.

Relación con las experiencias Ciudad de Dios:

1.   Lidera con inspiración:

Nunca había participado de una marcha de cualquier tipo. Aunque considero que esta marcha del albergue no fue muy grande, ya que estaba prácticamente conformada por los encargados del albergue, los pacientes y los voluntarios. Pese a esto, el motivo de la marcha tuvo igual valor y significado que cualquier otra con más gente. Viéndolo de manera objetiva, una marcha prácticamente es caminar en la vía pública, pero verdaderamente participar en una es mucho más que eso, es vivir el momento y compartir el mensaje que se quiere transmitir y esa es una habilidad que desarrollé con la actividad.

2.   Se compromete y esfuerza:

Siendo mi primera experiencia con una marcha, de todas maneras di todo de mí por la buena realización de la actividad, tratando de ayudar con todo lo que se me haga posible. Aparte, era una fecha muy especial para todos en el albergue y por ende tendría que demostrar compromiso personal hacia esta.

3.   Trabaja en comunidad:

Como ya he mencionado reiteradas veces, la marcha realizada se hizo en conjunto de un gran grupo de voluntarios, los encargados del albergue y los pacientes mismos. Sinceramente, no sé mucho de marchas, pero es algo implícito que para que esta se realice satisfactoriamente se necesita que cada uno de los participantes este comprometido a compartir el mensaje de la marcha y ser activo mientras se realice. En varias oportunidades durante la caminata, las monjas solían hacer pequeñas “barras” que seguían la temática de la ocasión, y como es de costumbre pedían la participación de todos los presentes para que las personas alrededor logren escuchar nuestro mensaje. Así como este ejemplo, hubo varias actividades pequeñas que simbolizan el trabajo en comunidad.

4.   Siente con la iglesia y el mundo:


El miércoles 4 de febrero es el día mundial contra el cáncer, y por ende, es un día de gran importancia global. La marcha que realizamos fue en conmemoración de esa fecha tan especial para esa comunidad y para aumentar el conocimiento e importancia de tal fecha. Como mencioné en la bitácora, es muy sencillo encerrarse en tu mundo e ignorar lo que ocurre en tu entorno; pero con esta actividad tuve la oportunidad de dejar mi faceta privada y cerrada para poder formar parte de la celebración de gran importancia en el albergue, en nuestro país y en el mundo.