domingo, 1 de marzo de 2015

Bitácora N° 2: Un miércoles... un poco especial.

Era un miércoles normal. Teníamos planeado una sesión con bastantes juegos, y mi mente estaba bastante concentrada en nuestra actividad, en los problemas que podrían presentarse y como resolverlos (hago eso a menudo). Solo había un pequeño detalle… Era 4 de febrero. Se preguntarán, ¿Qué tiene de especial el 4 de febrero? Como yo lo hice antes de llegar a la puerta del albergue. Pues muy posiblemente sea un día como cualquier otro para una gran cantidad de personas. Pero para al mundo que existe detrás de esa puerta de madera con la placa que dice: “Albergue Frieda Heller”, es un día muy especial, quizás uno de los más importantes para esa pequeña comunidad. El día mundial contra el cáncer.
Bueno, como mencioné, yo era una de esas personas que no tenía idea que ese día se celebraba tal cosa (Que vergüenza, ¿no?). Sin embargo, tan solo era necesario acercarse a la entrada del albergue para sentir una atmosfera diferente a la cual sentía cada vez que entraba para realizar el voluntariado. Globos y niños corriendo por todos lados, muchísimos voluntarios y los encargados del albergue dando exposiciones en el comedor que siempre está vacío cuando íbamos todos los días. Obviamente era una fecha especial para todos ellos, pero en ese momento me daba cuenta que eso no era cierto, ya que la fecha era especial para todos nosotros, incluyéndome. Me puse a pensar por un momento entre tanta festividad… Un ayudante del albergue ya me conocía y me saludó al entrar, las encargadas del albergue me saludaban y me daban la bienvenida, y finalmente una gran cantidad de niños se alegraban al verme y uno que otro me abrazaba. Podré ser uno de los tantos voluntarios, pero me sentí parte de este sub-mundo, de esta comunidad.
Lamentablemente, llegue un poco más tarde de lo normal y no tuve oportunidad de escuchar las exposiciones que tenían preparadas. Sin embargo, la actividad más importante de la velada estaba a punto de empezar y yo participaría en ella. Íbamos a realizar una pequeña marcha todos juntos hacia la capilla “Santísimo Nombre de Jesús” que queda por el lugar.  
Empezamos a salir a la calle que queda justo afuera del albergue, recorriendo parte de la avenida Primavera. Parte de la avenida, ya que no éramos muchas personas en esa marcha, pero a nadie ni a mi nos importaba la cantidad de personas, este era un día de lucha contra el cáncer, y por más que haya uno o millones de personas acompañando a esos niños que iban al frente llevando un banner del albergue; el resultado sería el mismo. Queremos aumentar conciencia sobre esta enfermedad, pero más que nada en mi opinión, queríamos demostrarle al mundo que hay niños luchando cada día con una sonrisa en sus rostros cada día y que a pesar de todo son felices. Mientras marchábamos, veía los carros a los costados, algunos mirando, otros molestados por usar parte de la pista que podrían estar usando ellos para evadir el tráfico… Las reacciones eran varias, muy posiblemente muchos de esos conductores/pasajeros no tenían ni idea de porque marchábamos, y no los juzgaba por eso, no había olvidado que hace un par de horas antes ese día yo estaba igual; el mundo es duro y es muy sencillo encerrarte en tu pequeña burbuja y no abrir los ojos a los demás. Por un momento me imaginé la cantidad enorme de autos que pasan por esa avenida, sin tener ni idea de ese pequeño hogar que está en una esquina de toda la avenida, que en realidad es un albergue para niños con cáncer. Esa marcha posiblemente sería la aguja, o mejor aún, el niño juguetón que reviente las burbujas de muchas de esas personas; claro está que no había opción de hablar con esas personas que nos veían desde la tribuna, pero tengo esperanza que influenciamos por lo menos a un espectador; si fue así, yo estaría más que satisfecho con nuestra marcha.
Una vez que llegamos a la capilla, que era nuestro destino, entramos y llenamos las bancas que quedaban vacías. El padre que estaba dando la misa dio una pequeña reflexión sobre el albergue y un mensaje por el día que estábamos celebrando. Sinceramente, estaba muy distraído en el momento, me enfocaba mucho en observar mi alrededor y lo que estaba ocurriendo. Todavía tengo en mi memoria cada detalle, las niñas que estaban jugando debajo de las bancas, la gran cantidad de personas y globos que estaban en esa capilla; me sentía muy orgulloso de participar de esta actividad, de formar parte.
Poco después la pequeña ceremonia en la capilla terminó y pasamos afuera a tomarnos un par de fotografías del recuerdo con el padre, y en ese momento, breves instantes antes de organizarnos para que podamos caber todos en la foto; que ocurrió la experiencia que más recuerdo de esa fecha. El padre había salido de la capilla, ya que las monjas le habían pedido un momento para la foto, y mientras caminaba y se posicionaba, Paloma y yo nos topamos con él. Fue un momento muy corto, casi insignificante, si es que no fuera por las palabras que nos dijo directamente. Nos agradeció por el trabajo que estamos realizando como voluntarios, refiriéndose a nosotros y a todos los que andaban dispersados en el momento. En realidad fue un simple agradecimiento, no gran cosa, pero en mí desencadenó una serie de pensamientos y emociones que, como ya había pasado previamente, hizo que me distraiga que me pare a pensar. ¿Por qué hacemos esto? ¿Está implícito en la naturaleza del ser humano el deseo de ayudar al prójimo? Son preguntas que nunca había llegado a responder, y en ese momento me estaba causando una enorme intriga saber las respuestas. Ese miércoles de verano podría estar fácilmente relajándome en casa, o saliendo con amigos, pero estaba ahí, ¿Y saben qué es lo más curioso? No lo veía como un trabajo o una obligación, sé que en el fondo es un proyecto, y sí es obligatorio realizarlo, pero había llegado a un punto en el que ir a pasar parte de mi tiempo con los niños en el albergue era parte de mis más deseables actividades del día. Era como un recreo en el colegio.
Luego de habernos tomado la fotografía, la respuesta a mis preguntas anteriores vino como una revelación inesperada. Me encontré con Daniela, una niña del albergue con la cual había entablado una amistad muy fuerte; ella al parecer había estado de viaje a su hogar en Arequipa, y había regresado para la marcha. A penas la vi ella vino corriendo hacia mí y como ya era costumbre cada vez que iba al albergue los días anteriores, me dio un abrazo muy fuerte. Esa era mi respuesta, muy posiblemente una respuesta subjetiva, pero era todo lo que necesitaba para encontrarle un sentido a todo esto. La felicidad. Una felicidad recíproca. Saber que por pasar unas horas de tu día junto a unos niños, puedes lograr cosas muy grandes. Son pocas las cosas que puedes hacer que te dan este tipo de resultados. Me llena saber que logré cambiar el día de uno de estos niños, por lo menos en el más mínimo detalle, y eso es suficiente para mí. Suficiente para considerarlo como mi motivación más profunda.

Relación con las experiencias Ciudad de Dios:

1.   Lidera con inspiración:

Nunca había participado de una marcha de cualquier tipo. Aunque considero que esta marcha del albergue no fue muy grande, ya que estaba prácticamente conformada por los encargados del albergue, los pacientes y los voluntarios. Pese a esto, el motivo de la marcha tuvo igual valor y significado que cualquier otra con más gente. Viéndolo de manera objetiva, una marcha prácticamente es caminar en la vía pública, pero verdaderamente participar en una es mucho más que eso, es vivir el momento y compartir el mensaje que se quiere transmitir y esa es una habilidad que desarrollé con la actividad.

2.   Se compromete y esfuerza:

Siendo mi primera experiencia con una marcha, de todas maneras di todo de mí por la buena realización de la actividad, tratando de ayudar con todo lo que se me haga posible. Aparte, era una fecha muy especial para todos en el albergue y por ende tendría que demostrar compromiso personal hacia esta.

3.   Trabaja en comunidad:

Como ya he mencionado reiteradas veces, la marcha realizada se hizo en conjunto de un gran grupo de voluntarios, los encargados del albergue y los pacientes mismos. Sinceramente, no sé mucho de marchas, pero es algo implícito que para que esta se realice satisfactoriamente se necesita que cada uno de los participantes este comprometido a compartir el mensaje de la marcha y ser activo mientras se realice. En varias oportunidades durante la caminata, las monjas solían hacer pequeñas “barras” que seguían la temática de la ocasión, y como es de costumbre pedían la participación de todos los presentes para que las personas alrededor logren escuchar nuestro mensaje. Así como este ejemplo, hubo varias actividades pequeñas que simbolizan el trabajo en comunidad.

4.   Siente con la iglesia y el mundo:


El miércoles 4 de febrero es el día mundial contra el cáncer, y por ende, es un día de gran importancia global. La marcha que realizamos fue en conmemoración de esa fecha tan especial para esa comunidad y para aumentar el conocimiento e importancia de tal fecha. Como mencioné en la bitácora, es muy sencillo encerrarse en tu mundo e ignorar lo que ocurre en tu entorno; pero con esta actividad tuve la oportunidad de dejar mi faceta privada y cerrada para poder formar parte de la celebración de gran importancia en el albergue, en nuestro país y en el mundo.





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