lunes, 28 de abril de 2014

¿Yo.. lider?

Ya empezaron las preparaciones para nuestra primera clase en el colegio “Santa Rosa de Llanavilla”, y resumiendo un poco toda mi experiencia, debo decir que me he sorprendido hasta de mí mismo.
Las dos coordinadoras de nuestro salón decidieron a cuáles grados enseñarían cada uno de nosotros y a mí me tocó formar parte del grupo de 5° y 6° de primaria. Sin embargo, cada uno de los grupos necesitaba un coordinador, y pese a que no decidí enseñar a este grupo de niños (honestamente no tenía ningún deseo de enseñar a algún grupo en especial, hubiera estado feliz con cualquiera), si decidí ser el sub-coordinador de este grupo (Lidera con inspiración) ya que considero que me falta desarrollar mucho mi capacidad de liderazgo. Desde que tengo memoria he sido el tipo de persona que prefiere que le digan que hacer y esforzarse para cumplir dicha tarea, no le veía nada de malo y me hacía sentir cómodo, especialmente en los trabajos en grupo. Pero estos últimos años, me empecé a dar cuenta que si seguía con esa mentalidad, no iba a llegar a ningún lado (Conocerse, aceptarse y superarse).
Como sub-coordinador, entendía que me iba a tener que sacrificar un poco más, entre quedarme después de clases para reuniones de coordinadores y de grupo, hasta entregar gran parte de mi tiempo para la planificación de todas las clases. Pero sinceramente, no tenía (ni tengo) ningún problema con ello.
Un día de planificación, tuve que quedarme en la biblioteca con los demás sub-coordinadores, las 2 coordinadores y nuestro tutor Piero Vinces. En esa pequeña reunión teníamos planeado poder decidir cuál sería nuestra visión, misión y los objetivos que queremos cumplir con nuestro proyecto. Fue, en realidad, algo difícil poder concretar nuestras ideas y decidir, ya que son la base de todo nuestro proyecto y no es una decisión que se pueda tomar a la ligera. Yo siento que sí contribuí a que pudiéramos llegar a obtener estas bases, aunque se me fue difícil, ya que sería mi primera vez en una reunión de este tipo; aunque honestamente debo agradecer a Piero por orientarnos, por lo menos en esta primera oportunidad, no teníamos muy en claro cómo ponernos de acuerdo y llegar a una conclusión todos juntos. Salí de esa reunión con unas ganas… difíciles de explicar, no podía esperar a nuestra primera clase.
Luego de esa reunión, pude ver que poco a poco, casi todos nuestros compañeros sintieron la misma emoción que yo había empezado a sentir. Pero ya era hora de empezar a actuar y planear nuestra primera sesión de clase. Por más emocionado que me sintiera, tenía muy claro que esta planificación no sería tan sencilla. Algo que sí me molestó fue el hecho de que de un grupo de 6, solo 3 (incluyéndome) asistieron a las 2 reuniones que tuvimos de planificación. La verdad no me gusta criticar a las personas que no cumplen con lo que planeamos, tiendo a ser muy liberal, sin embargo, sé que este proyecto es de todos y no puedo dejar que esas personas se acostumbren a solo preguntarme a última hora que deben hacer. Aunque sé que esas personas tuvieron alguna justificación para no poder asistir a esas reuniones, me hubiese gustado que estuvieran un poco más al tanto de lo que estábamos decidiendo y haciendo en esas reuniones. Pese a que éramos pocos, no podía decir algo como: “Bien chicos, nos falta mucha gente así que la reunión se cancela.” Aparte de estar contra el tiempo, confié en que, con un poco más de esfuerzo, podíamos lograr avanzar nuestra clase de manera exitosa, pese a la falta de algunos de nuestros compañeros (Trabaja en comunidad). Y sin duda, así fue. Definitivamente me sentí orgulloso de mi equipo.
Los días pasaron volando, y antes que me diera cuenta, ya estaba en camino al colegio para encontrarme con mis compañeros e ir todos juntos a Llanavilla. Cuando estuvimos en el bus tratamos de dejar claro todo lo que haríamos cuando lleguemos y luego simplemente nos sentamos a esperar a la llegada. En el transcurso del viaje experimenté una ansiedad bastante grande, pero que podía controlar. No puedo negar que estuve muy nervioso, pero aproveché ese tiempo en el bus para poder plantear situaciones difíciles que se podrían presentar en la clase y como solucionarlas (Se compromete y esfuerza). Cuando llegamos los niños ya estaban esperándonos (en realidad llegamos algo tarde) y nos dieron una pequeña bienvenida que no me esperaba. Luego de eso, por fin pude conocer a los niños con los que compartiría quizás una de las experiencias más increíbles de mi vida. La clase nos fue como esperamos, la verdad queríamos tomar esa clase como un diagnóstico por lo que no avanzamos mucho y estuvimos muy atentos a la manera que los niños nos respondían para darnos una idea de su nivel, cosa que nos serviría para planificar las clases. Nuestra clase fue un abrir y cerrar de ojos (por lo menos para mí) ya que de verdad, la pasé de lo mejor. Una vez acabada la clase tuvimos un tiempo libre hasta que acabara la otra clase del salón 4° “F”, que también estaba con nosotros. En ese tiempo la pase caminando por todos lados, no quiero sonar discriminador ni nada, pero de verdad se me hacía difícil pensar como esos niños, que no son tan diferentes a nosotros de más pequeños, podían vivir y estudiar en condiciones así. Sé que esa es la realidad de muchos colegios y hogares de niños y jóvenes de nuestro país, pero desde pequeño recuerdo que siempre me ha desagradado la idea que por más que muchas personas conozcan estas situaciones, nadie tenga las ganas de poder ayudar de verdad (Siente con la iglesia y el mundo). Aunque este sea solo un colegio de muchos que también necesitan apoyo, todo nuestro trabajo será un ladrillo a algo mucho mayor.

Para resumir, nuestra clase fue mucho mejor de lo que esperaba, y creo que puedo hablar por todos cuando digo que absolutamente nadie se quería ir. Me hizo recordar al año pasado, cuando nos íbamos del colegio en Chivay, aunque me reconfortó saber que sí podría volver a este lugar y ver a estos niños. Obviamente esta, nuestra primera clase, fue especial. Espero no olvidarla jamás.